Mujer los 364 días en los que tú te olvidas.

No creo en el día de hoy.

Me levanto mujer cada santo día y nadie viene a reconocerme nada y mucho menos a recordármelo.

No creo que en las cosas de chicas. Los roles de género me tocan los ovarios. El rosa me da grima. Ni soy una princesa ni quiero un príncipe ni me van los cuentos de hadas. Tampoco odio a los hombres ni tengo la sobaca sin depilar ni creo que tengamos que dominar el mundo. Por si ibas a salirme por ahí.

No soy más especial por ser mujer. Igual que un hombre no es superior por el hecho de ser varón. En eso se basa la igualdad.

Nadie me tiene que felicitar por conquistar el espacio fuera del hogar. Es mío igual que suyo. Ni aplaudirle a él por hacerse cargo de la casa. SU CASA, por cierto. Eso es igualdad.

La discriminación positiva no es igualdad. Yo quiero ganarme mi derecho y mi autoridad. Y hacerlo con mi talento y capacidad, no con una ley que lo imponga ni con hombres que a regañadientes me toleran. Eso no es igualdad.

El feminismo no defiende, o no debería defender, la supremacía de la mujer ni, por supuesto, menosprecia al hombre. Eso no es igualdad.

La  liberación de la mujer no se basa en que trabaje y lleve su casa y pueda con todo. ¡Qué gran mujer! La revolución real se dará el día que la mujer pueda expresar su deseo sexual sin ser tachada de zorra. Que diga que se masturba, y que no quiere casarse, y que quiere salir a follar esta noche y no sea considerada por ello una fresca, una guarrilla. Una desviada. Eso es libertad. Y no el puto Grey y sus putas sombras.

El machismo no es (solo) cosa de hombres. El machismo empieza en tu casa cuando le dices a tus hijos que eso es de chicas. Cuando lo vistes de azul. Cuando no le dejas jugar con muñecas o a ella la llamas bruta porque quiere jugar a fútbol. Cuando le consientes a tu novio que te diga cómo vestir o le pides permiso para salir con tus amigas. Cuando dejas caer sobre ti toda la carga de la casa porque él nunca lo haría igual de bien. Machismo es un gimnasio femenino. Machismo es mujeres fingiendo orgasmos. Machismo es Pilar Rubio, Cristina Pedroche o cualquier programa de TV en el que haya una mujer (des)vestida. Machismo eres tú enseñando el culo en Instagram para conseguir más likes. Machismo somos todas intentando usar nuestro atractivo para conseguir algo. Machismo es el aire que respiramos. Todo aquello que asumimos sin rechistar, aceptamos sin cuestionar y tragamos sin darnos ni cuenta.

¿Tener una día dedicado a la mujer significa que el resto del tiempo no lo somos? ¿O que no merecemos toda la atención y reconocimiento que hoy, 8 de marzo, se nos regala sin pestañear? O lo que es peor, ¿que sigue habiendo desigualdad, que seguimos siendo consideradas débiles y necesitamos reivindicar nuestra posición en este mundo cruel? El mismo que hoy te felicita, mañana te dirá que mujer tenías que ser. Y la misma que hoy se enorgullece de ser mujer y así lo grita en Facebook, mañana volverá a ver Mujeres y Hombres y Viceversa y a financiar el negocio del machismo y del sexo como moneda de cambio.

Por supuesto que agradezco la herencia recibida. Y por supuesto que me enorgullezco de los logros alcanzados. Y claro que disfruto de una situación que no me he ganado yo. Pero creo que la lucha ahora es otra. Y es diaria y es sutil. Invisible. Y empieza en nosotras y lo que transmitimos, permitiendo y negando actitudes, nuestras y de ellos. Y pasa por una ley que debe castigar la injusticia. Y termina en ellos, por supuesto, quienes deben entender de una santa vez que somos todos seres humanos. Y nada más. Pero empieza en nosotras. Si tan orgullosa estás, respétate y hazte respetar. Hoy y cada día. Porque mi respeto sí me lo he ganado yo.

8 de marzo, un día entre 364 en el que se te permite decir que estás orgullosa de ser mujer sin parecer la protagonista de un anuncio de Evax. Un solo día de respeto a cambio de un año entero de MACHISMO. ¿Igualdad?

Tú puedes ser mujer hoy, porque te lo permiten.

Pero yo prefiero serlo todo el año, porque así lo dicta mi REAL COÑO.

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