Fuera de carta

Soy el plato exótico de cada restaurante. Ese regusto en el paladar que todo el mundo comenta, pero que pocos experimentan en su propia boca. Nací para ser delicatesen. Crecí sabiéndome el plato fuera de la carta. Y moriré, espero, con pocas pero exquisitas reseñas sobre mi peculiar sabor.

Nunca quise ser pollo con patatas. Ni fritanga ni ensalada verde. He huido del arroz blanco y detesto ser pasta con tomate de bote. No quiero ser plato infantil ni tu puto menú de cantina. Declino la aparente complejidad del buffet que tanto te entusiasma. Abundante, fácil, barato. Prefiero estar solo en tus fantasías gastronómicas más inconfesables que ser primero, segundo, postre, y bebida incluida. No quiero ser el plato que sin suplemento está soso ni la hamburguesa completa de moda. No quiero que me pida cada boca sin criterio. Quiero que me sueñe el estómago más valiente.

Digerirme nunca es gratis. Elegí cuidadosamente cada ingrediente de la receta; siempre exóticos, casi siempre nuevos. Te atragantas con las amargas virutas de mi autoexigencia. Te indigesto con mi Yo más crítico. Bilis de rebeldía, y vomitas hasta la última de mis malas respuestas. Casi siempre acabaré en el fondo del retrete. Y observarás, pálido, descompuesto. Y te dirás: demasiado fuerte. Y volverás al menú. Al bendito menú.

Y ya podrás decir que lo hiciste. Lo probaste. Te atreviste. Te llenarás la boca de orgullo, porque pico, porque ardo, porque la mezcla es fuerte. Pero, ay… ¡bendito menú! Y yo seguiré en la carta, escondido, con la firme promesa de una gran experiencia para tus sentidos, esperando al siguiente valiente.

Mapofthesoundsoftokyo

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