Lo que diga la cola.

___Crónica Sitges 2015___

The Witch Sitges 2015

Lo más entretenido del festival de Sitges no son las películas. Tampoco el heterogéneo público (cada vez más generalista). Ni, por supuesto, los paseos de una sala a otra. Lo más divertido del festival, de largo, son las colas. Te tiras un buen rato esperando a que abran para salir corriendo cual perrete con tu acreditación en la boca.

Y es que mientras estás en la cola ocurren cosas maravillosas. En ella lees la prensa del festival, en la que ninguna película sale mal parada. Hasta al más soberano bodrio el redactor de turno le dedica unas amables palabras. En la cola también se tuitea, costumbre adquirida en los últimos años, claro. Es el momento de buscar la inspiración para condensar en 140 caracteres, con ingenio y gracia, la esencia del film que acabas de ver. Pero si la cola es el momento ideal para algo es para escuchar las conversaciones ajenas. Sí, ya lo sé, está feo, pero es muy didáctico. Las opiniones de la gente pueden ser de lo más sinceras o de lo más impostadas, dependiendo del grado de postureo del emisor. Ante una misma cinta, los espectadores pueden haber presenciado un espectáculo completamente distinto. El gran bodrio para mí fue peliculón para el de al lado y el film espectacular que vi ayer fue una gran decepción para el de más allá. Así es el arte. Pero si es la cola especial para prensa, la complejidad de la ciencia opinística se eleva al cubo. La de chorradas que es capaz de decir la gente para dárselas de enterado cuando en realidad la película no hay por dónde cogerla. Pero, oye, aquí cabe todo. Por eso, tomaos esta crónica como lo que es, la opinión sesgada, subjetiva, parcial y personal de una humilde espectadora.

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Un año más, y como manda la tradición, me he quedado sin ver la película que ha ganado el festival, The Invitation, un thriller independiente made in USA que narra la historia de una mujer que regresa con su marido después de años desparecida y tras haber perdido a su hijo. La cola de Sitges opinó que sí, que merecía el premio. Todo el mundo alababa el acierto de este film. La mejor dirección ha recaído en S. Craig Zahler por Bone Tomahawk, un western con caníbales de por medio. No hace falta que diga más. Sitges style en estado puro. La cola cuchicheó también sobre este filma. El premio especial del jurado y el de mejor guión se lo llevan M.A. Fortin y Joshua John Miller por The final girls, una comedia de cine dentro del cine que homenajea los slashers ochenteros. Y tampoco me voy a extender mucho más con los premios porque el palmarés está colgado enterito en la web. Y es extenso, que este año hasta el jurado se ha quejado de la cantidad de películas que ha tenido que ver.

Otro de los aspectos positivos de pasarte una semana haciendo cola es que acabas conociendo gente, sobre todo si vas solo. Y claro, en cuanto te ven la acreditación colgando del cuello, te preguntan tu opinión sobre absolutamente todo, como si fueras una especie de eminencia del cine o de embajador del pueblo de Sitges. Evidentemente, no he visto todas las películas, es imposible, pero sí he procurado visionar bastante de la Sección Oficial y una buena selección de Órbita y Noves visions, las secciones para mí más interesantes y con mayor promesa de calidad. Sin ninguna duda, el film que me ha robado el corazón ha sido La Novia. Lo esperaba todo de esta película y no me decepcionó ni un segundo. Paula Ortiz ha pensado y plasmado una adaptación de Bodas de Sangre preciosa. Un cuento emocionante, una alegoría gigantesca, una maravilla visual y auditiva, una perla de película. Seguramente lo menos Sitges de este año; probablemente, lo mejor de él. Le auguro un futuro brillante en otros festivales. Si nos centramos en el terror puro y duro, sin duda, La Bruja ha sido la gran película con mayúsculas. Una cinta de terror clásico, elegante, contenida, fina, íntima. Quizás un poco excesiva en su final, pero inteligente y madura durante el resto de metraje. En la cola solo se escuchaban halagos hacia ella. De la sección Noves Visions, y habiéndose hecho con el premio a mejor película de la sección, resalto Anomalisa, una pieza rodada en stop motion en la que el realismo de la historia y la sencillez, pero inteligencia, de los diálogos es tan aplastante que te olvidas por completo de que es animación. Una rareza exquisita, una película fundamental. De los thrillers, seguramente mi género favorito del festival, resaltaré The gift, una historia de acoso escolar pero contada desde la edad adulta, desde la perspectiva que da el pasar de los años. Una inquietante y retorcida trama que su creador y protagonista, Joel Edgerton (premio a la mejor interpretación masculina), conduce con maestría. Transita por lugares visitados con frecuencia, pero la forma en la que lo hace no te deja parpadear o relajar el corazón ni un segundo. Estupendo trabajo de suspense.

the gift

Como ejercicio sencillo, fácil, gore (light) y entretenido, me quedo con la grata sorpresa de Green Room, una película en la que skins y punks tendrán que aliarse y dejar de lado sus diferencias para escapar con vida de un peligroso asedio en un local de conciertos. Tensión contenida, chorros de sangre y salpicones de humor negro. La sacudida necesaria para una proyección a las 8:30h.

Creo que si algo he aprendido a lo largo de estos cinco años de asistencia al festival es que ante tanto material, hay que ser muy selectivo para ahorrarse chascos y siestas innecesarias. Aunque todo depende de lo que uno vaya buscando. Creo que este año he sido más cuidadosa que nunca eligiendo y creo que también, y precisamente por ello, he visto mejores propuestas que nunca. Me llevo todo lo visto, todo lo escuchado, pero sobre todo, lo aprendido en las colas, para encarar la nueva edición con más criterio todavía. Con ganas de ver qué se cocerá en Sitges 2016, se despide la maruja más friki y postmoderna. Buen cine, mis queridos conmarujos.

*Crónica publicada en Cartelera Turia en octubre de 2015.

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