Canción de cierre

___Eden___

Una servidora ha cogido pos costumbre ir soltando confesiones en cada crítica. Pues bien, ahí va la de esta semana: en mis tiempos mozos, yo pinchaba música electrónica (ahora solo de vez en cuando). Valenciana, criada en los 90 y habiendo pasado la mitad de mi vida destrozándome los músculos, pero también los tímpanos, en un gimnasio, no podía haber tenido otro hobby, la verdad. Por eso, cuando fui a ver Eden lo hice emocionada, con una curiosidad casi didáctica. Lástima que el festín de sintetizadores no satisficiera mis anhelos de DJ amateur.

Eden es una película, capitulada y larguísima, que cuenta la historia de Paul, un joven que sueña, como tantos otros coetáneos, con ser disc-jockey profesional. Y ahí termina todo. Poco más podemos añadir al hilo argumental del film. He visto películas de ascenso y descenso a la fama con mucha más chicha que esta. Lo único que se le presuponía a esta cinta era que vibrara con la misma intensidad que un amplificador en una rave; con la misma fuerza con la que alguien grita “TEMAZO” cuando suena su canción preferida en pleno subidón de pastillas (estamos hablando de los 90s); que transmitiera la energía que recibe un DJ cuando tiene delante a una masa de gente que responde a sus órdenes en forma cambios de ritmo. Pero no, el film se limita a narrar sin mucho acierto, atractivo o cohesión las desventuras de una joven promesa de la música electrónica sin ahondar demasiado en la incomprensión de su entorno o el desenfreno de una juventud sin límites seducida por las drogas de diseño, o los problemas económicos derivados de lo anterior, o el desfase y el descontrol de una época loca como ninguna otra. Los capítulos, las escenas, incluso las situaciones, discurren de forma torpe cual vinilo que se engancha bajo la presión de la aguja. El pitch del film es bajo y la melodía narrativa no emociona. La vida de Paul nos importa bien poco, los escenarios que visita no nos sacuden y los personajes que le acompañan bailan poco y mal. En definitiva, una sesión que deja bastante que desear. Una pena, porque el tema, y aquí barro para casa, daba para una cinta excitante, de esas que no te dejan estar quieto en la butaca, de las que te llevas durante días pegada al movimiento de tu pie. Pero no.

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En los años dorados de la música electrónica valenciana, toda discoteca que se precisase tenía su canción de cierre, o lo que nosotros llamábamos “el chape”. Era la última canción, la que te indicaba que el sol ya brillaba fuera y que era hora de ir a dormir. En su mayoría, solían ser temas más tranquilos que los que habían sonado anteriormente e invitaban a enfilar el camino a la cama (o si el pedo era mayúsculo, a echar la mañana en el parking). Por desgracia, Eden es una canción de cierre de principio a fin, con su bajón posterior incluido.

*Crítica publicada en la cartelera Turia en septiembre de 2015.
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