Chiste de espías

___American Ultra___

El mundo de los espías siempre me ha fascinado. De hecho, es posible que durante alguna época de mi infancia soñara con dedicarme de un modo profesional (también quise ser cantante, maestra, animadora de baloncesto, bailarina en un ballet de TV e incluso, en un momento de delirio absoluto, periodista). Por eso, después de llevar semanas devorando emocionada The Americans, American Ultra me parece un chiste malo.

Obviamente, el objetivo de cada una de las producciones es bien distinto. Mientras que The Americans es un drama sobre espías rusos infiltrados en los Estados Unidos de la guerra fría, American Ultra es una parodia del género, aunque sin mucho acierto. Mike y Phoebe son dos pringados cuya existencia es tan anodina como la ciudad en la que residen. Hasta que un día todo se agita al verse involuntariamente inmiscuidos en una operación secreta del gobierno. La verdad es que escrito así, suena raro. Pues bien, lo es. Y lo es por una sencilla razón, la broma no tiene mucha gracia. Para entenderse como una parodia del género, le falta chispa, delirio y sorna. Le sobra chiste y carece de maestría si lo que queremos es tomárnosla en serio. Salva el film del desastre un Jesse Eisenberg acomodado en el punto exacto entre el patetismo, la comedia y la excentricidad. Esa vocecilla aguda perturbadora te conmueve, irrita y estremece de igual modo. Menos fortuna corre su compañera de reparto Kristen Stewart, sobreactuada y descontrolada. Obviando la vomitiva saga Crepúsculo, la he visto actuar muy dignamente en otras cintas (véase Viaje a Sils Maria junto a Juliette Binoche); pero en esta ocasión no sé si el guión la empequeñece o la dirección de actores la empuja a una tristeza más que postiza y a una desesperación que se manifiesta sin control ni propósito alguno. No me convence su drama; algo más su cinismo.

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El tufillo indie de la planificación y el montaje que se respira por momentos, dejando un buen sabor de boca en el prólogo, se desvanece por completo y se pierde en la grandilocuencia americanoide de las películas de acción “serias”. El fondo de la historia le queda grande a la anécdota que narra. Las microtramas, lo diálogos y los personajes, casi siempre, funcionan con solvencia. Pero el conjunto narrativo es una ida de olla de las grandes, un sin sentido que despista de lo que sí nos podría interesar: lo pequeño, lo concreto, lo mundano. Los chistes que salpican la cinta lo hacen con acierto. La sala ría al unísono cada diez minutos, incluida yo, que ya sabéis que no soy fácil. Esto hace que la cinta asome la cabeza a la superficie por momentos, pero vuelve a sumergirse en las profundidades narrativas en cuanto el guión se las da de adulto. Lo del gore podemos dejarlo para otro ratito. Cuatro gotas de sangre que salpican tímidamente no pueden ser consideradas como evidencia alguna del género. Teniendo Sitges 2015 a la vuelta de la esquina, me parece un insulto catalogar esta cinta como gore.

En definitiva, una propuesta que queda en tierra de nadie y que se perderá en el saco de la mediocridad en cuestión de pocas semanas.

*Crítica publicada en la cartelera Turia en septiembre de 2015.

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