Radiografía mental de un genio

___Love & Mercy___

La tensión entre arte e industria es constante en el mundo de la música, del cine, del teatro, de la pintura… Cuando la obra se convierte en producto y el artista se ve obligado a crear bajo la presión de los mandatories de una maquinaria aplastante y no fruto de la inspiración y la necesidad de expresión, entonces es cuando se produce el cataclismo creativo. Muchos tragan y deciden pasar por el aro de la tiranía industrial creativa a cambio de una inflamada promesa de fama y dinero. Otros, con frecuencia los creadores más puros, deciden no hacerlo.

Love & Mercy no es un biopic musical ni, por supuesto, un homenaje a los Beach Boys. Aquí no hay ni dios ni gloria, solo el retrato de una cualidad, con frecuencia infravalorada e incomprendida: la genialidad. Brian Wilson, cofundador y compositor de los Beach Boys, y considerado uno de los genios del pop, es retratado en este film tal cual fue: un gran artista con serios problemas mentales, incomprendido, aislado y perdido. Un tipo original que no tenía la menor intención de dejarse doblegar por la industria de la música y su despiadada dictadura del “más dinero”. Por desgracia, sus problemas mentales lo volvieron más débil de lo que habría querido mostrarse. A diferencia de cualquier otro biopic musical, Love & Mercy no tiene una estructura narrativa lineal, cronológica. O al menos, no del todo, pues la trama avanza en dos mitades: la de Brian, el joven compositor que sufre los primeros síntomas de la esquizofrenia (años 60); y la del Wilson adulto, que carga con las innumerables consecuencias del éxito, la fama y su lastre mental particular (años 80). Las dos tramas, pasado y “presente”, avanzan en paralelo para completar un vasto retrato de lo que ya hemos visto mil y una veces en el mundo del espectáculo: el síndrome del juguete roto.

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Para interpretar al músico y compositor se ha optado por un casting doble: Paul Dano (Pequeña Miss Sunshine) para el joven Brian; y John Cusack para el adulto. Maravillosos ambos, aunque cabe destacar especialmente la contribución de Dano, que clava la perturbación, confusión y desesperación del cantante fruto de sus primeros problemas mentales. Una apuesta interpretativa doble que funciona a la perfección, pues Paul Dano es el vivo rostro de la maraña mental de un joven exitoso, adicto y con graves problemas psíquicos; mientras que Cusack personifica la decadencia, el vacío y la resignación de un adulto que ya no tiene más ganas de luchar.

A pesar de reconocer el talento narrativo, interpretativo y estético de la cinta (la ambientación, el atrezzo la fotografía e incluso el etalonaje son excelentes), el ritmo pausado y nada frenético tan impropios de un biopic musical (ya hemos dejado claro que de típico no tiene nada) hicieron que no terminara de conectar conmigo. Pero esto es una opinión personal de tono y tempo que ofrezco a los lectores para invitarlos a rebatirla.

*Crítica publicada en la cartelera Turia en julio de 2015.

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