Llorar de la risa, qué gran placer

___Ahora o nunca___

8 apellidos vascos, la bendita gallina de los huevos de oro, marcó un antes y un después en la forma de hacer comedia en este país. Ahora parece que si uno no se sirve de los regionalismos o la comparativa de los españoles con el resto de Europa, el chiste no funciona. Ya lo vimos, con poca fortuna, con Perdiendo el norte y ahora María Ripoll repite receta y parte del reparto con Ahora o nunca.

Álex y Eva son una pareja que, como tantas otras en este momento del año, se va a casar. Pero para su desgracia han decidido hacerlo donde se conocieron, en un pueblecito de Inglaterra. Tanto el viaje de ida del novio como la espera en destino de la novia serán un verdadero desastre, pues nada saldrá como tenían milimétricamente planeado. La película es una chorrada mayúscula, una tontá gorda. Pero, eso sí, eficazmente planteada. Hacía mucho tiempo que no me reía tan a gusto. Sin duda, como ya ocurrió en la cinta de Emilio Martínez-Lázaro, el peso de la comedia lo sostiene un magnífico Dani Rovira que se consagra como excelente actor de comedia. Me hizo llorar de la risa la primera vez que lo vi interpretar un monólogo y volvió a conseguirlo la otra tarde con algunas de las escenas de Ahora o nunca. Sensacional.

1280x720-av4No corre tanta fortuna María Álvarez, que aburre en su papel de niña mona enamorada, con la tez pálida y perfecta, tanto que da rabia, y sus morrito siempre listos para apuntar al cielo. Floja. El coro de secundarios es fantástico y no hacen sino sacar brillo a la interpretación protagonista del maestro Rovira. Yolanda Ramos repite cameo y calca su interpretación de Carmina y Amén. Tan maravillosa como siempre, confirmando que merecía el Goya más que Nerea Barrios (esto lo digo yo); aunque menos sorprendente esta vez, pues Ripoll apuesta por copiar el esquema del personaje. Desde el punto de vista formal, el film luce un marcadísimo look publicitario; no es de extrañar teniendo en cuenta que su directora ha realizado innumerables spots. La luz natural blanca y brillante lo inunda todo; el vestuario, de inspiración Pinterest e ínfulas de éxito Instagram, se disputa el protagonismo con un atrezzo ideal; y la banda sonora marca el compás frenético de una pieza audiovisual muy comercial. Vamos, lo que viene siendo la estética cuqui de cualquier anuncio de televisión que se precie en el año 2015. Los personajes son flojos y la historia es un cliché con patas; pelada y cortada, lista para ingerir, pero el logrado sentido del humor y una dirección efectista y muy videoclipera, compensan las carencias de profundidad narrativa.

Ideal para reír sin complejos ni prejuicios y sin esperar nada más, ni nada menos, que llorar de la risa. Tampoco es mal plan, ¿no?

Ahora o nunca (2)

 

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