El dulce salir del armario de F. Ozon.

___A propósito de Una nueva amiga___

La sexualidad es, probablemente, el aspecto más complejo del ser humano, pues combina el cuerpo con la mente, lo racional con lo emocional. La atracción, el deseo, las fantasías, las pulsiones secretas, los fetiches…. Es un campo riquísimo e infinito y de ahí precisamente su laberinto de opciones. La rancia y severa tradición cristiana que pesa sobre la conciencia colectiva de occidente ha conseguido que todos, en mayor o menor medida, nos sintamos culpables, sucios e inmorales por algo que hemos hecho o hemos pensado en alguna ocasión referido al sexo. En el caso de las mujeres, el machismo aplastante que nos ha perseguido a lo largo de la historia ha logrado retraer todavía más la sexualidad femenina y de expresarse en libertad, reprobarla. Que una mujer desee sexo, lo manifieste y se sienta orgullosa de disfrutarlo, en muchos casos (por suerte cada vez menos), sigue siendo el motor que activa de inmediato el dedo acusador.

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En el caso concreto de la homosexualidad, bisexualidad y transexualidad, el estigma es si cabe mayor. La sexualidad entendida en estos términos sigue siendo un ámbito oscuro, con cada vez más claros, pero cuyas tradicionales tinieblas siguen imponiéndose en nuestras sociedades. Aceptamos superficialmente. Toleramos sin entusiasmo. Lanzamos opiniones sin convencimiento. Pero secretamente, nadie quiere que su hijo sea gay y, mucho menos, transexual. ¿Por miedo al qué dirán? ¿Por evitarle sufrimiento? ¿Por no ser señalados nosotros mismos? Por el motivo que fuere, pero el caso es que este tema ni está superado ni interiorizado. Todos estos daños colaterales sociales hacen que salir del armario sea probablemente una de las experiencias más traumáticas a las que un ser humano puede enfrentarse. Casos hay tantos y tan diferentes como individuos. Y los hay que lo llevan con absoluta normalidad y serenidad. Pero, desde luego, no es lo frecuente. Además de sufrir el acoso y el rechazo ajeno propios del diferente, del que no sigue la norma, el recién estrenado homosexual padece la autoflagelación moral, la autoexigencia, la autotortura. No estar conforme con uno mismo y no poder hacer nada al respecto. Sentir que se falla al resto pero también a uno mismo. O saber que es lo que quieres pero no tener fuerzas para gritar: “yo soy así”. Esa dolorosa dualidad mental y emocional, de la que generalmente uno sale victorioso, deja muchas heridas de guerra. Se gana fuerza y determinación pero también complejos, prejuicios y traumas. No. Salir del armario no es fácil.

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En Una nueva amiga de F. Ozon se narra este tránsito complejo y tortuoso pero la facilidad con la que sus personajes habitan este tiempo y espacio de dudas y oscuridad alejan completamente el relato de la realidad.  La película pasa de puntillas por un tema harto complicado. Sus protagonistas navegan a toda velocidad de la perplejidad a la euforia, habiendo hecho parada en la aceptación y la normalidad con pasmosa calma. El film se apalanca en una premisa difícil que habría dado para una cinta de un calado social y emocional tremendo, pero que prefiere sostenerse en la anécdota y el morbo. La misma economía narrativa con la que desarrolla el maravilloso prólogo es utilizada después para explicar el grueso de la retorcida trama. El oscuro nudo de sentimientos, deseos y relaciones interpersonales que el director plantea no puede desatarse con la destreza con la que sus personajes se desenvuelven en esta cinta, a priori interesante, pero no hipnótica. Falta metraje de profundidad y rigor. Sobran sonrisas. Por desgracia, las cosas nunca son tan fáciles ni tan rápidas.

Un ejercicio maravilloso que sí resuelve con el realismo y la serenidad que merece esta problemática es la estupenda serie Transparent de Jill Soloway para Amazon Studios. Obviamente, el formato televisivo permite un mayor recorrido narrativo y una madurez de los personajes casi automática, pero un tema tan complejo merece y necesita mayor rigor y profundidad que los que Ozon ofrece. Me interesa lo que quiere contarme pero creo que no ha sabido hacerlo. Quizás media hora más de metraje habría bastado para mostrar la contradicción de sentimientos, deseos y pensamientos. A lo mejor treinta minutos más habrían significado la diferencia entre describir y narrar. Quizás con un poco más, Una nueva amiga habría pasado de interesante a notable y de anécdota a estudio.

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