BDSM en la Aldea del Arce

___50 Sombras de Grey___

No sé si os acordareis de unos entrañables dibujitos que derrochaban dulzura en TVE en los años 90. La serie se llamaba La Aldea del Arce (chamalele, chamalá, esta aldea es genial) y en ella animalitos naif daban brincos por la pantalla. Pues bien, imaginaos a estos tiernos bichitos dándose besitos y ya tendréis todo el sadismo y perversión de 50 Sombras de Grey.

La película es un horror, más incluso de lo que se podría esperar. Y eso que lo único que se le exigía a este film era provocación, sexo y erotismo; que entre sus protagonistas saltaran chipas y que las escenas de masoquismo fueran impactantes. Mira qué era fácil, ¿eh? Pues su directora, Sam Taylor-Johnson, ha conseguido lo imposible: que la cinta no cumpla ninguno de los requisitos iniciales. Dakota Johnson (hija de Melanie Griffith y Don Johnson) luce boba, frígida y empanada, más incluso de lo que exige el personaje. Y Jamie Dornan tiene cara de perrito pachón y menos sex-appeal que un ficus. La relación entre ellos, como no podría ser de otra manera, es fría, falsa y nada sugerente. La dirección es pueril, evidente y muy hortera. Los planos, meramente descriptivos, son menos estimulantes que Falete en bikini. El movimiento de los actores por la escena es forzado, teatral (en el sentido de mecanizado, frontal y obvio) y las metáforas visuales son tan explícitas que se me escapa una carcajada. La chica de al lado me mira sorprendida. La presencia del BDSM en esta película es anecdótica. Toda la agresividad, el juego sexual y la provocación se reducen a dos escenas, en las que parece más bien que están fornicando nuestros simpáticos conejitos de La Aldea del Arce. La perversión de él se queda en cuatro azotes mal dados y el supuesto disfrute de ella, en morderse constantemente el labio inferior (con muy poca gracia, por cierto). La película es larga, aburrida y simple. Bostezo y, aunque le costaría reconocerlo, la superfan de la saga que está sentada a mi lado, también.

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Pero hay algo mucho peor en esta película que su mala ejecución. Y es la imagen femenina que proyecta y la distorsión de la liberación sexual de la misma que plasma. La insatisfacción sexual femenina puebla nuestra sociedad. No hay más que colarse en un charla de amigas heterosexuales y escuchar. No quiere decir que todas las mujeres la sufran pero sí que hay un porcentaje elevado, sin contar con las que nunca lo admitirán. Y la mayoría de las veces, el problema reside en la falta de comunicación con la pareja. Es imposible acertar si no hay un diálogo previo, si no hay una petición clara y un minucioso trabajo de ensayo-error. 50 sombras de Grey fue un libro que “revolucionó” socialmente el juego sexual. Algo tan íntimo y minoritario como el BDSM, de repente, se convirtió en el tema de conversación femenino predilecto. ¿Pero en qué medida contribuye esta democratización del sexo duro a la libertad sexual de la mujer? La sumisión forma parte del juego, sí, pero solo cuando el sujeto es sexualmente maduro y se siente tan cómodo con la práctica que puede aspirar a un nivel superior. Una mujer que ni recuerda lo que es un orgasmo, o peor aún, que jamás lo tuvo, seguirá sintiéndose tremendamente insatisfecha, practique o no los juegos del maldito Grey. El auténtico empoderamiento sexual de la mujer llegará cuando deje de ser tabú, cuando la gente comente abiertamente sin sonrojarse, pida sin tener miedo al rechazo y decida qué quiere sin avergonzarse. La información, la comunicación y la verbalización de los deseos sin tapujos; que una mujer pueda acostarse con quien quiera y cuando quiera y hablar sobre ello sin tener que sentir el estigma social cayendo sobre ella como un losa. Esa es la verdadera revolución sexual. Y mientras no lleguemos a ese punto, todo lo demás no servirá de nada, por muchas lectoras que acumule el puñetero libro, por muchas espectadoras que inunden las salas de cine.

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Y ese poder sexual solo puede alcanzarse, primero, con el autoconocimiento y, segundo, con la prueba. ¿Cómo es posible que una mujer que jamás se tocó a sí misma sepa qué quiere? Y os aseguro que el tabú acerca de la masturbación femenina sigue estando muy presente. Por tanto, la sumisión no es el arma para alcanzar la libertad sexual, sino parte del juego cuando ya ha sido alcanzada. Además, en la película, la sumisión se utiliza como moneda de cambio para el romance. Es decir, con la falsa promesa del romanticismo anhelado por una virgen, ella accede a participar de un juego que no le seduce lo más mínimo. ¿Qué mensaje estamos lanzando a las adolescentes del mundo, por dios? Es más, la manera en que el acto sexual (primera vez para ella) es retratado es falsa y frustrará a las jovencitas de todo el planeta. Él la penetra sin haberla predispuesto a ese primer envite dolorosísimo para una mujer que jamás practicó sexo. Y ella ni se queja ni sangra; incluso disfruta. Teniendo en cuenta la cantidad de mujeres clitorianas que hay (otro estigma y su negación otro dogma que superar) es muy probable que ella no sintiera nada en absoluto.

Como podéis ver, el film es para dejarlo correr y me perturba e inquieta que una mujer haya accedido a contar esta historia tan machista y dañina para su género. Y aun así, ¿era necesario contarla tan mal?

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