Volar sin tocar el cielo

___Birdman___

De relatos de decepción, frustración y búsqueda incansable del éxito está lleno el cine. La desesperación de los que se esfuerzan sin cesar por ser su mejor versión todo el tiempo, el tormento de los que se quedan en el camino, la indescriptible satisfacción de los que cruzan la meta victoriosos… Son temas recurrentes en el cine y que a mí me seducen especialmente.

Un actor de cine comercial, archiconocido por el personaje de hombre-pájaro que interpretó en la gran pantalla años atrás, trata de demostrar su valía como actor de raza dirigiendo y coprotagonizando una obra de teatro en Broadway. La obsesión por dejar atrás el superhéroe que lo catapultó a la fama, y por el cual el público lo admira y aclama, le hará tener problemas con todo su entorno, empezando por el resto de atores de la obra que prepara. Birdman es una historia de fracaso, de insano esfuerzo y de pésimos resultados. Una comedia negra que te arranca la carcajada desde el patetismo de cada uno de los personajes, todos ellos fracasados a su manera. Desde el excéntrico actor (Edward Norton) convencido de su talento y siempre orgulloso de su inexistente preocupación por la opinión de público y crítica, hasta la hija del pobre protagonista (Emma Stone), una joven cargadita de problemas derivados de haber crecido sin la atención de un padre siempre ocupado. Michael Keaton haciendo de sí mismo convence casi todo el tiempo, aunque una vocecita me susurra que no merece el Oscar. Algo más afortunado está Norton, en un papel cargado de inesperados giros y de energía desbordante. El dúo protagonista tiene chispa y entusiasma a la sala.

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Sin duda, el punto fuerte de esta mordaz comedia son los diálogos, ácidos e inteligentes, una sacudida tras otra. Por el contrario, la parte negativa del film se la lleva su metraje. Alejandro González Iñárritu se lía en el desenlace y firma una película que no quiere terminar. El director parece apostar por encadenar todos los posibles finales y, bajo mi punto de vista, concluye con el peor. Aun así, el resultado es más que interesante. Tan enfermiza y demente como el Cisne negro de Aronofsky; tan ácida y negra como Relatos Salvajes o Cheap Thrills. Una mezcla corrosiva y siniestramente divertida. Parte de la culpa la tiene el aspecto formal. Una banda sonora minimalista e inquietante marca el ritmo del film. Las constantes referencias al mundo digital y a lo absurdo y trágico de la fugaz fama contextualizan la película y empatizan con un espectador dispuesto a comprender y a perdonarlo todo. El montaje y el falso plano secuencia infinito hacen el resto.

Será porque tenía unas ganas horribles de verla y mis expectativas eran altísimas o porque no tenía el día, pero me da que a Birdman le faltan alas para tocar el cielo. Pero como siempre, mis queridos conmarujos, pasen, vean y juzguen ustedes mismos.

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