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___Los juegos del hambre: Sinsajo (Parte 1)___

¿Alguna vez os habéis imaginado a Pablo Iglesias con la coleta suelta y el pelo rubio platino? Dejad de soñar, queridos, podéis verlo en Los juegos del hambre: Sinsajo. No, no se le ha ido la olla a nadie, ni siquiera a mí. Es una asociación que me he permitido hacer entre una Juliane Moore guerrillera, coprotagonista de la citada película, y el líder de Podemos. Ay, creo que el bombardeo mediático me está empezando a pasar factura.

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Lo primero que me gustaría aclarar es que, sorprendentemente, el film me ha satisfecho. Las sagas pro teenagers no suelen derrochar calidad que digamos, véanse los Crepúsculos varios. En cambio, en Los juegos del hambre encontramos algo más que romanticismo adolescente, gritos, saltos, explosiones y una historia que se aguanta con las pinzas de la inocencia propias del grueso de espectadores. La primera entrega consiguió sorprenderme. El planteamiento de sociedad distópica es consistente, creíble e interesante. Y el desarrollo del film atractivo, entretenido. Conclusión: aprobada. No me esperaba lo mismo de esta última entrega. Todos sabemos que normalmente este tipo de tramas van a peor y que cada parte es más terrible que su antecesora. Pero no es el caso que nos ocupa. Los amantes de la saga se congratularán viendo a su valiente Katniss Everdeen convertida en el Sinsajo, esto es, la cara visible de la causa rebelde contra el Capitolio. La tercera parte de la saga está divida en dos y en esta primera mitad encontramos más teoría política y de la propaganda que disparos, explosiones y luchas sin fin, lo cual se agradece y mucho. La película narra la rebelión de un pueblo tiranizado por un líder sin corazón y sin vergüenza (vamos, como el nuestro) y de cómo ese pueblo se organiza ideológicamente y militarmente para hacerle frente al poder autoestablecido. ¿Alguien no ha visto todavía el paralelismo? Juliane Moore, como he dicho antes, líder de los sublevados, se me antoja un Pablo Iglesias con un palo metido por el culo, porque más estirada no puede estar la pobre. La película funciona como entretenimiento pero también como ejercicio didáctico del poder de la propaganda, de la organización popular, de la comunicación y de la manipulación mediática. Es como un House of Cards pero con el telón postapocalíptico de fondo y un pelín de drama romanticoide para hacérsela tragar a los hambrientos fanáticos de la Everdeen y sus aventuras. Pero si os detenéis a mirar un poco más profundo, veréis que es más interesante de lo que pueda parecer en un primer y apresurado vistazo. No está mal. No está mal.

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