Lo que el ojo no ve

___Orígenes___

El debate entre creacionistas y evolucionistas no es nuevo. La ciencia contra la espiritualidad. La razón versus la intuición. Un enfrentamiento sin fin. Orígenes, la nueva película de Mike Cahill, ahonda en esta confrontación milenaria.

Ian Gray es un joven biólogo molecular especialista en el ojo humano. Junto a su ayudante, Karen, estudia el origen del gen de la vista. Durante el proceso, Ian conoce a Sofi, una chica que contradice en cuerpo y alma todo lo que él siempre ha creído. Es espontánea, emocional, espiritual, casi mágica, aunque algo infantil y supersticiosa por momentos. También es la dueña de unos increíbles ojos multicolor que maravillan a Ian desde el primer momento. Unos ojos que cambiarán la vida de este, sus creencias y el destino de la humanidad. Y hasta aquí puedo leer.

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Estamos ante un film de ciencia ficción, pero de esa que está basada en ideas y no en efectos, de esa ciencia ficción que intenta dar respuesta a preguntas inexplicadas. No hablamos de una película que hipnotiza al espectador con la grandiosidad de sus sonidos e imágenes, sino con la laberíntica tesis para la cual estos trabajan. La cinta representa el debate entre ciencia y espiritualidad a través de dos mujeres: Karen y Sofi, la ayudante y la novia y de Ian respectivamente. En la primera encontramos sus creencias, su realidad, lo que para él ha dado significado a toda su vida: la ciencia, las pruebas. En Sofi se manifiestan las dudas, lo inexplicable, la intuición, la emoción y lo espiritual. Conocerla no solo supondrá para él un reto personal sino también científico y así lo plasma el director del film a lo largo y ancho de casi dos horas de película.

Film Review I Origins

Orígenes, ganadora de la última edición del festival de Sitges, es un thriller trepidante, atractivo y bien armado. El espectador no tendrá ganas de salir del laboratorio en el que se convierte la sala de cine. Querrá seguir siendo la cobaya. Eso sí, para ser un film científico quizás falte desorden. Cahill nos muestra una ciencia preciosa y bella a través de una fotografía muy estética, de unos actores que parecen sacados de un editorial de moda, de una realización sosegada y pulida. Un claro ejercicio indie al que le faltan la tensión y el caos propios de la incansable búsqueda de respuestas. Aun así, el resultado es más que correcto y la inexplicable pregunta parece encontrar una posible contestación. ¿Serán los ojos el espejo del alma?

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