Odiarás a este tipo.

___Filth.___

Hacer comedia es dificilísimo. Forzar el lagrimeo es un tarea de niños comparado con hacer reír hasta reventar. Cuando se trata de utilizar el humor para relatar la desagracia, la miseria y la sordidez humana, el reto es mayor, pues el intento puede quedar mero patetismo. Pero cuando una comedia negra está escrita y rodada con la maestría y gracia de Filth, el resultado es música para los oídos.

Jon S. Baird adapta con buen ritmo y absoluta irreverencia la novela de mismo título del escritor escocés Irvine Welsh. La película cuenta la historia de Bruce Robertson, un policía corrupto, maleducado, adicto (a todo), racista y homófobo, cuya misión, y eje central del film, es conseguir un ascenso, a golpe de zancadilla a sus compañeros, y resolver un caso (la excusa). Borda el papel protagonista un sensacional James McAvoy, entregado por completo a la causa de conseguir que todo el mundo le odie, dentro y fuera de la pantalla. El personaje es repugnante hasta decir basta, así que el juez desde la butaca solo puede dictaminar que Bruce merece cada una de las desgracias que le caen encima, aunque siempre queda un pedacito de corazón destinado a la pena que provoca el que vive fingiendo ser una persona que no es. Completa el estrambótico conjunto un puñado de personajes, cada cual más pintoresco y caricaturizado que el anterior, que convierten el film en un fantástico delirio, con un tono desenfrenado que arranca las carcajadas de todos los presentes (siempre y cuando no se tengan muchos escrúpulos, todo sea dicho).


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La estructura de la película la componen tres tipos de relato: la vida de Bruce, los monólogos de su mujer (genial fotografía; bella y gélida como la esposa) y las conversaciones ácidas y mordaces del protagonista con un psiquiatra imaginario. En la vida del protagonista, la línea que separa la realidad de la ficción cada vez es más fina, a media que avanza en su irremediable caída libre. Las líneas que esnifa a la velocidad de la luz, por el contrario, cada vez son más gordas. El espectador presencia un in crescendo imparable de locura y descontrol a ritmo de una banda sonora brutal, que mezcla clásicos del R&B y el Soul de los 70 con momentazos inolvidables del mejor Eurodance de los 90 (véase la escena de la fotocopiadora o la del bar gay. Irrepetibles).

Un film enloquecedor que hará las delicias de los amantes de la comedia negra, la ironía y la sátira. Un conjunto de escenas locas pero rodadas con mano firme; y un desenlace que arranca la última carcajada y la ovación del público. Preparaos para ser sacudidos con brutalidad con una buena dosis de humor escocés.

 

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