Adiós.

___Paco de Lucía. La búsqueda. ___

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Voy a ser sincera: no me gusta el flamenco. No soy seguidora ni quiero dármelas de entendida. Ahora bien, como ni estoy sorda ni ciega, sé perfectamente quién era Paco de Lucía. Y como no soy ajena a la belleza del mundo, aprecio enormemente su valor artístico. Además, mi vida está llena de música y si algo admiro en este mundo es el talento y las cosas hechas desde el corazón.

No hace falta ser un experto en flamenco para saber cuán complicado y técnico es este género musical. Y no hace falta ser un admirador del maestro para advertir su genialidad. El documental Paco de Lucía: La búsqueda viene a confirmar una obviedad. Eso sí, como no podía ser de otro modo, con gracia y mucho arte. Además de ser un entrañable retrato del guitarrista, es un homenaje a Andalucía, una mirada hacia la historia de España más reciente y un canto a la creatividad, al talento, al duende y a la pasión por la música. El documental lo conduce el propio Paco de Lucía, con una naturalidad sorprendente para los que desde fuera lo intuimos un tipo serio, metódico y muy exigente. Viéndolo derrochar simpatía frente a la cámara nadie diría que moriría semanas después. La pieza de Francisco Sánchez Varela homenajea al genio de la guitarra más que a la persona, pues de su vida personal poco o nada se cuenta. En cambio, el contrapunto de cercanía lo pone Paco, con un discurso espontáneo, natural y ligeramente excéntrico que provoca las carcajadas de la sala (llena, por cierto). El documental combina entrevistas, imágenes de archivo y fotografías, que cumplen con la misión de repasar la trayectoria del artista, pero también con la de transportar al espectador a otra época, la de una España que nada tiene que ver con la actual, una en la que todo estaba por explorar. El tratamiento de las fotografías hace que cobren vida, movimiento y dinamismo; y que el sensacional conjunto vaya directo al corazón y a la memoria colectiva, creando una atmósfera mágica en la sala (llena, por cierto).

Pone el broche de oro un incompleto pero emotivo final. A pesar de que Paco de Lucía murió antes de que se pudiera filmar la última entrevista, la que concluiría la pieza, el documental, como Paco, termina en lo más alto y se convierte en una preciosa despedida que llega al alma, incluso si no te gusta el flamenco.

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