Las chicas de Ray.

___Ray Donovan.___

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Nuestra sociedad está enferma. Herida de gravedad. Y su decadencia no tiene cura posible. Todos lo sabemos y nadie hace nada. El poder o la lucha por alcanzarlo lo han corrompido todo. Nadie se salva de la mugre que se genera en las altas esferas y salpica hasta al más pringao. Todos estamos en el ajo aunque nos neguemos a aceptarlo. Pero si hay una sociedad corrompida, hipócrita y sucia, esa es la americana. Concretamente, todo lo que gira alrededor de Hollywood. Las celebrities y sus excentricidades, la doble moral estadounidense en estado puro. Secretos, miseria, violencia, dinero y drogas. Un cóctel venenoso que se agita día y noche en la ciudad de Los Ángeles. Tanto la gran pantalla como la pequeña han visto nacer obras audiovisuales que han relatado esta decrepitud creciente. Hay relatos bellos, otros retorcidos, incluso algunos, en clave de humor. Ray Donovan no nos cuenta nada que no hayamos oído ya, ni siquiera lo hace de un modo, ya no mejor, sino diferente. En cambio, bajo la confusa superficie late un mensaje subliminal bastante más siniestro que el propio tema abordado.

Ray Donovan es una serie que narra en tono dramático las peripecias de un tipejo que trabaja para una empresa de representación de estrellas de Hollywood. El trabajo de Ray consiste en lavar los trapos sucios del famosete de turno. Esto incluye: soborno, chantaje, amenazas, palizas, movimientos de dinero, drogas y, por supuesto, muerte. La vida de Ray transcurre de un modo “normal” hasta que su padre sale de la cárcel y empiezan a desatarse una serie de líos familiares que le obligan a ocuparse, además de la mierda ajena, de la propia. ¿Sabéis esto que dicen de que los hombres a veces piensan con la entrepierna? Pues yo diría que esta serie ha sido escrita con la misma parte del cuerpo. Pero varamos poco a poco, que me vengo arriba rápido.

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En la serie, todos los personajes masculinos sin excepción tienen problemas de control: con la bebida, con la ira, con las drogas, con los malos pensamientos, con el sexo… Y absolutamente todos están justificados. Algo que ocurrió en la infancia los hizo así. La vida los ha convertido en violentos, alcohólicos, maltratadores y perdedores. Pero no pasa nada, una vez más San Hollywood viene para enseñarnos que hay determinados comportamientos que deben ser tolerados, aceptados e incluso comprendidos, sobre todo por parte de las mujeres. Desde el punto de vista meramente narrativo, los personajes se comportan de un modo extraño desde el primer capítulo hasta el último. No siguen su propio hilo porque sencillamente no lo tienen. Y ello es debido a que no tienen origen. Su identidad empieza en el primer segundo del primer capítulo. Están tan desdibujados como desnudos. Los guionistas no se han encargado de ponerles nada en la mochila de su pasado. Y si lo han hecho, han debido llenarla de souvenirs, pues no son útiles para marcar su destino. Las contradicciones en los personajes se suceden una tras otra y el espectador no puede hacer otra cosa que perderse. El único que camina con paso firme hacia el final de temporada es Mickey Donovan, el padre de Ray, personaje interpretado magistralmente por el mítico John Voight. Sin duda, lo mejor de la serie, ya que aunque no llegamos nunca a saber cuáles son sus intenciones, al menos el personaje actúa con mínimo de coherencia y el actor brilla con luz propia.

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Pero lo más inquietante de la serie no son los giros argumentales sin sentido. Ni las inexplicables reacciones de sus protagonistas. Ni siquiera el hecho de que todo obedezca a los caprichos del guionista. Lo realmente perturbador en esta serie son los personajes femeninos. Cómo han sido pensados (o no), escritos y plasmados y cómo es su relación con los hombres en general y con Ray en concreto. Tenemos cuatro arquetipos principales: la devota esposa, la niña listilla e independiente, la muerta perfecta y la bollera machirula agresiva. ¿Alguien da más?

RAY DONOVAN - Saison 1 - Episode 9La mujer de Ray parece que se ha caído del guindo el mismísimo día que el director grita  “acción”. No tenemos ni idea de cómo ha estado viviendo los últimos 20 años de matrimonio pero todas las dudas, preguntas e inseguridades le vienen de golpe cuando siente la inquisitiva mirada del espectador. Y claro, el colega se pone nervioso. Y entonces empieza el tira y afloja entre ellos. Ahora te odio, ahora te ignoro, ahora te follo porque me da la gana (casi sin consentir), ahora lloro, ahora te vuelvo a ignorar, ahora bebo un huevo… Y así, eternamente, hasta que la bendita se resigna a seguir profesando amor sin preguntar. Es decir, aquí tenemos la consagración del rol de la brillante mujer mantenida convertida en idiota suprema que no tiene ni idea de con quién está casada. ¿Seguimos?

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Vamos con la hija. La única mujer con un mínimo de sentido común y cordura en la serie. ¿Y qué les pasa a las mujeres que van de independientes y que no quieren seguir el camino de mamá?  Que acaban pillando por todos los lados, sobre todo pos los hombres. Así aprenderá que es mejor tener la boca cerradita como mamá y buscarse uno como papá.

La hermana muerta es mi favorita. Da igual si era puta, drogadicta, mala persona o asesina, si está muerta asciende inmediatamente al nivel de santa y ya no hay nada que decir. ¿Y por qué tener una cuando podemos tener dos por el mismo precio? En Ray Donovan tenemos la santa hermana muerta y la bendita exnovia muerta. Son las únicas a las cuales los hombres de esa serie respetan y veneran. ¿Será por qué no hablan?

RayDonovan_105_0974.RY por último, la más chirriante: la lesbiana agresiva. El principal motivo por el que empecé a ver la serie fue que aparecía sexy Shane (Kathering Moennig para las no entendidas). El hecho de que el personaje sea homosexual es tan irrelevante como innecesario. Imagino que es la única manera que se les ocurrió a los brillantes creadores de que una mujer pudiera relacionarse con esta panda de salvajes, que ella también lo fuera. Y pensaron: “vamos a poner una bollera de ayudante de Ray”. Y cogen el personaje lésbico más famoso que ha habido en televisión y lo copian. Pero lo copian mal. No le dan identidad, ni vida propia, ni historia, ni casi escenas. Podría haber sido gay o budista, para el caso es lo mismo. Pero lo que realmente me cabrea es la carga de violencia, de masculinidad y de mala hostia que le ponen al personaje. Las pocas veces que sale, lo hace insultando, agrediendo, maltratando mujeres o, mi favorita, convenciendo a la hija de Ray de que su padre es un buen hombre y solo quiere lo mejor para todos. Después de haber matado, ignorado a la mujer, atemorizado a sus hijos y amenazado a todo Los Ángeles. En fin, lo que viene siendo un modelo de paternidad.

¿He sido muy dura? Es que me sorprende tanto que esta serie haya cosechado buenas críticas, que no he podido evitar arrojar un poco de luz sobre el asunto. Y es que lo más curioso es que no se percibe ni un atisbo de sátira. No es un American Beauty, que ridiculiza la doble moral estadounidense. Tampoco es un Nip/Tuck, que claramente pone de manifiesto la perversión de la fama y el lado más siniestro de los seres humanos. En Ray Donovan yo no he visto nada de esto; solo la consagración de unos estereotipos que todos conocemos porque llevan años encargándose de que nos traguemos. El sueño americano a base de hostias y en 12 cómodos capítulos. Lamentable.

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