Melodrama de oferta

___Ahora y siempre.___

El cáncer es una putada gorda. Lo sabemos todos. En mayor o menor medida, lo hemos tenido cera. Relatos sobre la crueldad de esta enfermedad se han escrito muchos. Algunos bellos, otros patéticos. Ahora y siempre digamos que no pasará a la historia por estar entre los más afortunados.

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Una joven de diecisiete años enferma de leucemia redacta una lista con las cosas que quiere hacer antes de morir, pues sabe perfectamente cuál es su destino aunque no tenga fecha. Uno de sus deseos, cómo no, es perder la virginidad. Todo parece indicar que lo hará con cualquier impresentable, pero termina por conocer a un tipo “encantador”. ¡Oh, qué sorpresa!  Y de aquí en adelante todo es “bla, bla, bla…”. La lista que la chica elabora es la que escribiría un estudiante de primero de guión de cine: perder la virginidad, tomar drogas, quebrantar la ley y todas esas gilipolleces que ya hemos visto antes en cientos de series adolescentes. El ingenio brilla por su ausencia. Y dices, bueno, espera, que una cosa es la lista y otra cómo vaya ejecutándola la muchacha. Pero no, la sorpresa tampoco llega en este punto. No contento con aburrirnos con los estúpidos propósitos, Ol Parker decide proseguir con su particular tortura hacia nosotros desarrollando cada uno de ellos mediante escenas simplonas e hiperarquetípicas, aderezándolo todo con diálogos flojos, previsibles y carentes de toda chispa. Por no mencionar el romanticismo adolescente más vomitivo e inverosímil. Eso sí, por una vez, sin vampiros. ¡Gracias!

Los personajes son de cartón piedra. No hay nada en ellos que despierte nuestra curiosidad o empatía. Son monigotes colocados en un spot publicitario de 104 minutos. El vestuario de las escenas está en perfecta armonía con el entorno. Las luces son artificialmente cálidas y los flares se cuelan por doquier. La banda sonora empuja al llanto, aunque no lo consigue. Y las secuencias están llenas de metáforas demasiado obvias para resultar interesantes. Ol Parker ha tirado de banco de ideas y se ha quedado con las diez primeras. Los tópicos se suceden uno tras otro y las desventuras de los personajes me hacen bostezar. El drama se queda en anécdota y la tragedia, en broma.

Un pastelorro como la copa de un pino que solo satisfará a los menos exigentes y que provocará espasmos estomacales a todos los demás.

AhoraysiempreTrailer

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