Mi soledad

___Violette.___

El que no es escritor no sabe de qué hablo. El que no conoce a uno íntimamente no sabe de qué hablo. El que no lo sufre cada día no sabe de qué hablo. Aislamiento, reflexión, un rico mundo interior, una deficitaria vida social, muchas preguntas por resolver, infinidad de respuestas que analizar… Demasiadas emociones como para no plasmarlas por escrito. Todo escritor (o creador de cualquier tipo) que se precie tiene un punto atormentado. Vive total o temporalmente sumido en la angustia. La oscuridad es su identidad y la soledad su compañera. Todo genio tiene su obra, pero también su extravagancia, su locura y su zozobra. El que no padece la enfermedad de las letras no sabe de qué hablo.

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Violette Leduc, protegida de Simone de Beauvoir, era un claro ejemplo del literato descrito. Acomplejada, atormentada por la soledad, visceral. Rota por una infancia difícil y coprotagonista de una conflictiva relación maternofilial, alimentada de carencias y reproches. De Beauvoir, en cambio, era fría, racional, segura, triunfadora y respetada. O al menos así nos lo cuenta la película de Martin Provost. Leduc no pudo sino dejarse deslumbrar por la escritora y filósofa. Entre ellas se estableció una relación distante y compleja, pero llena de confianza, respeto y admiración mutua. Simone sabía del talento de Violette y la empujó incansable hacia su propósito. Y ella, ajena a su propio don, se dejó llevar cual hoja seca en otoño.

Violette es un sincero retrato de una de las escritoras francesas precursoras del feminismo. Profundiza poco en la figura de Simone Beauvoir y en la relación que esta mantiene con la protagonista, al menos desde su punto de vista, desde sus sentimientos hacia esta. La película concentra sus energías en Violette. Cómo vivió, cómo sintió y cómo escribió la primera autora en hablar de temas tabú como, por ejemplo, el lesbianismo. Es un relato bello, pausado y minucioso; no apto para impacientes, idóneo para amantes de la literatura. La trama se desliza a través de sus personajes de forma poética, al mismo ritmo que un escritor tarda en parir un gran texto. No esperéis un desarrollo rápido y fácil. Pero el desenlace vale la espera. Salí del cine con unas ganas horribles de escribir, de dejarlo todo, de comprarme una casita en la Provenza y ensuciar cuadernos al atardecer hasta quedar exhausta. Y que le den al mundo.

Violette, una historia que narra la soledad del artista, la incomprensión, la complejidad de su ser. Pero un grito de esperanza también. Porque por muy aislado que se sienta un escritor, jamás estará solo, pues siempre le quedarán tinta, papel y palabras.  Pero  el que no vive de las letras no sabe de qué hablo.

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