¿De qué va esto?

___Aprendiz de gigoló.___

FADING GIGOLO

Cuando uno va al cine, espera encontrar una película enmarcada en un género cinematográfico, o en unos cuantos, pero bien definidos. Yo no sé qué pasa últimamente pero no hago más que encontrarme pretenciosas películas, que van de todo y van de nada. Y sales de la sala de cine y piensas: ¿qué acabo de ver? ¿De qué iba esto? Aprendiz de gigoló es una de esas.

Para empezar, me sorprendió mucho ver a Woody Allen actuando en una película que no fuera de su propia creación. Como hablamos de uno de los directores más prolíficos del panorama, ya pensaba yo que volvía a la carga tras Blue Jasmine. Pero no. Resulta que solo actúa. Y la verdad, lo hace de fábula; interpretando, eso sí, su eterno personaje, o sea, a sí mismo.

La película empieza como una hilarante comedia del Woody Allen de los mejores tiempos. Buen sarcasmo, humor ácido, la cara más bella y amable de Nueva York… Cualquiera habría dicho que la película es suya. Pero poco a poco se va desdibujando. La surreal propuesta del personaje de Allen es aceptada rápidamente por el de Turturro, algo que no se entiende de ninguna manera. Segundos después nos deslumbra una sensual y espléndida Sharon Stone, que no ha perdido ni un centímetro de su sex-appeal (cómo me ha gustado siempre…) Y rato más tarde aparece en escena la siempre exuberante Sofía Vergara, más excesiva y fuera de lugar que nunca. La comedia fina de los primeros minutos, liderada por el maestro del humor sarcástico, va derivando en bobería absoluta, para terminar cayendo en el romanticismo más ñoño y pastel. Con el judaísmo ortodoxo de por medio, sin pretender nada serio pero sin arrancar carcajadas, el film va mutando de la comedia al pseudodrama y de ahí al romance. Un batido cinematográfico con tanta diversidad frutal que el espectador no sabría definir su sabor.

¿Te ríes? Un poco. ¿Te conmueve? Ni un ápice. ¿Te aporta? Nada en absoluto. ¿Te gustó? Pues no sabría qué decir. Lo mejor, la interpretación de Woody y la simple presencia de la Stone. Lo peor, Vergara, sus ubres y todo lo demás.

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