Amarillo paranoia

Enemy.

El peor laberinto en el que una persona puede perderse es el de la propia mente. No hay enemigo más hostil que uno mismo. Todos hemos sido víctimas alguna vez de nuestros propios pensamientos. A todos nos ha enredado la paranoia y la confusión alguna vez hasta el punto de creer estar perdiendo la razón. Y es que nadie escapa al boicot autoinfligido. Denis Villeneuve lo plasma muy bien en su nueva película.
Basada en la novela de José Saramago El hombre duplicado, Enemy es un complicado thriller psicológico, de esos en los que al pestañear un segundo, te has perdido un mundo. Una trama retorcida, llena de giros, de simbolismo. Una película que te mantiene pegado a la pantalla de principio a fin. Si esperas que el director te acompañe de la manita hacia el desenlace, olvídate. Si eres de los que se tumba en la butaca a dejarse hacer, mejor elige otra. Aquí hemos venido a entornar los ojos del esfuerzo mental realizado. El director siembra los pedazos y es el espectador el que recoge y construye. Una cinta para los que se frotan las manos cuando el guionista confía en la inteligencia y perspicacia del espectador y no le mastica ni un solo bocado.

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Villeneuve, con una cuidada fotografía y un tempo muy sosegado, crea una atmósfera asfixiante que contribuye a que te pierdas todavía más si cabe en la trampa que puede llegar a ser la mente humana. Toda la película está virada a un tono amarillo polución que consigue incluso que respires el mismo aire viciado que el angustiado protagonista. Todo para que la sensación de confusión y desasosiego se vaya apoderando de ti.
La trama es compleja. La película, lenta. Los diálogos son escasos. La atmósfera, claustrofóbica. Y la experiencia, placentera. Quizá soy yo, que disfruto como una enana con este género, tanto que era mi segunda vez, pues ya estuve en el preestreno de la película en el Festival de Sitges de 2013. O quizá son la cantidad de preguntas sin respuesta que me llevé a casa. O tal vez las hipótesis que iba haciendo de camino. O a lo mejor es la afilada banda sonora que me hipnotiza y adormece. El caso es que quedé atrapada en la tela de araña sin remedio. Y si, como yo, eres de los que encuentra belleza en lo delirante, también caerás.
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