Miseria en todos los sentidos.

Pelo Malo.

Pocas cosas son más difíciles de contemplar en el cine, pero sobre todo en la vida, que la falta absoluta de amor de una madre hacia su hijo. Es muy triste ser pobre, ser diferente o no tener qué comer, pero lo es mucho más ser un hijo no querido. Y es que no hay peor miseria que la del alma. Y esta madre la tiene llena.

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Mariana Rondón plantea una historia de frustración y egoísmo. De carencias (de todo tipo). De desilusión. Nos ofrece una mirada sincera y sin artificio a una realidad, por desgracia, muy presente. Pelo Malo es una película muy triste, íntima, que narra, casi susurrando, la vida de una madre soltera absolutamente amargada y la pésima relación que tiene con su hijo; un niño monísimo, para comérselo, pero diferente a ojos de su progenitora; creativo, ingenioso, muy sensible, y cuyo único objetivo es que su madre le conceda el mismo amor que a su hermano bebé, que le agasaje con las mismas caricias que ella le regala a desconocidos en tórridos encuentros. Un niño que grita silenciosamente “mamá, quiéreme”. Y una madre ofuscada que contesta “No”.
La pobreza lo invade todo en esta película. La económica, pues se trata de una familia que vive en un barrio marginal, sin trabajo, sin apenas comida, durmiéndose cada noche con el arrullo de disparos lejanos. Y la pobreza vital, la que duele en el corazón. La que se produce cuando no tienes nada a lo que aferrarte y tu única ilusión es tener el pelo liso o ponerte un vestido de princesa para hacerte una foto, como es el caso de los pequeños protagonistas. Dos sueños a pequeña escala que sirven como metáfora de la visión del éxito de los que no tienen nada y las ansias de estos de volar, de dejar atrás un barrio en el que violan, como dicen ellos mismos.
Una película muy dura, rozando la sordidez, que te conmueve pero también te arranca una sonrisa. Mariana Rondón consigue que te enamoras del pequeño protagonista desde el minuto uno y te hace  cómplice de sus desesperados e hilarantes planes. Por eso, la escena final supone un bofetón muy serio que te devuelve a la realidad si es que en algún momento has escapado de ella. Un desenlace sutil y suave pero cargado de dramatismo y culpable de una pena muy honda. La suya y la tuya.

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