Los pobres no saben soñar.

PARANOIA

El poder del dinero.

Donde otros ven lo de siempre yo veo puro talento. Podría ser la premisa de la cual parte la historia del protagonista de esta película, un joven teleco que no acaba de ver su carrera despegar; pero, en realidad, es mi conclusión tras ver el film. Y no me refiero, por supuesto, a que sea una obra maestra narrativa, pues la historia es clásica, correcta y superficial. Tampoco hablo del reparto, ya que el peso interpretativo lo lleva el omnipresente torso desnudo del musculado protagonista como paliativo de una interpretación mediocre. Ni me estoy refiriendo al empalagoso final. Más bien hablo de la maestría que hace falta para aleccionar espectadores con tan poca vergüenza y con ningún escrúpulo.
Ya empezamos mal. La película intenta conectar con el espectador a través de un insight (como decimos en publicidad) muy actual: vivimos en un mundo hostil en el que el talento ya no es suficiente para triunfar. Nos han robado las oportunidades. Bien jugado, chatos, ya tenéis al público atento. “Ah, me van a hablar de algo que conozco bien”, piensa el pobre iluso de la segunda fila. Ahora solo falta poner un protagonista con el que empatizar. Vale, ponme un tío normal pero con talento, que se lo curre pero que no consiga triunfar y con muchas facturas que pagar, por favor. Ay, espera, ponle un padre enfermo. Ahora sí que está perfecto. “Eh, soy de los tuyos, así que escucha mi historia”, parece decirnos la pantalla. Y toda la sala está envaselinada ya para que se la metan doblada una vez más.
A partir de aquí el discurso cambia radicalmente. De los problemas del pobre, nada, oiga. Hablemos del poder de la tecnología. Eso sí que es interesante. ¿Alguien sabe si Apple planea algún lanzamiento? Porque entre Harrison Ford haciendo de un decrépito Steve Jobs y la escandalosa presencia de la manzana mordida, me huelo que algo se cuece en el imperio. Y es que tiene más protagonismo el logotipo dichoso que Ford.
El mensaje es claro. Tú, pobre obrero, no te atrevas a soñar, no pienses que ambicionar está al alcance de todos. Mira cuáles son las consecuencias de jugar en la liga que no te corresponde. Dos magnates de las comunicaciones recibiendo su merecido por haber sido malotes y un protagonista, como siempre absuelto, porque obró mal pero con motivo: el padre enfermo. La película pretende mitigar las aspiraciones al éxito de los simples mortales. Mejor dedicarse a las cosas sencillas, a lo que se nos da bien a los pobres. Volver al barrio, cuidar de nuestros mayores, montar una pyme (con todas las facilidades que tenemos ahora, está tirado), encontrar una chica guapa… Porque el éxito es solo para unos pocos, los que establecen las normas del juego, y pobre del que se atreva a llegar e intentar hacerse el listo. Mira, mira, mira cómo acaban.
Por más películas que vea todavía me sigue sorprendiendo la capacidad de manipulación de estas. En este caso el envoltorio es entretenimiento, la narrativa es correcta pero la intención es asquerosamente evidente.
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